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sábado, 26 de marzo de 2016

Dictadura y literatura infantil (I): "Un elefante ocupa mucho espacio"

          El 24 de marzo de 1976 comenzaba en Argentina la dictadura cívico-militar más terrible de su historia. La literatura infantil no fue un lugar de excepción, ella también padeció la condena, la persecución y la censura. Este artículo y los siguientes que publicaré tocarán el tema de la relación dictadura-literatura infantil. El de hoy hablará de uno de los libros que fue prohibido durante esos años; los próximos serán sobre la literatura que se escribió después para ponerle voz a lo que ocurrió (y a sus protagonistas).

            “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann fue prohibido en su totalidad (los quince cuentos que incluye el volumen) en octubre de 1977, mediante el decreto 3155 de la Junta Militar. Entre las razones esgrimidas se encontraban las siguientes: que “se trata de cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo” y que “de su análisis surge una posición que agravia a la moral, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone”[1].
            Quien sea que se tome el trabajo de leer uno a uno los quince relatos que conforman el libro podrá percibir la ternura, la sensibilidad, los valores que irradian. Elsa Bornemann nos toma de la mano y nos lleva a pasear por caminos repletos de amistad, libertad, solidaridad, amor profundo y, sobre todo, mucha fantasía. Quizás esa sea la verdadera razón de menudo agravio por parte de la Junta Militar.
¿Es buena o mala la fantasía? Según Graciela Montes[2], luego de haber sido desprestigiada en años anteriores, la fantasía volvió, a lo largo del siglo XX, a tener mayor libertad y su valor en la literatura infantil pasó a ser mayor. Gracias a Piaget, que postuló que el juego simbólico (el “jugar a ser” y el “jugar a hacer”) es central para el desarrollo de la inteligencia y para adaptarse creativamente a la realidad. La fantasía no resultaba “tan evasora de lo real como parecía”[3]; al contrario, “se nutría de lo real y revertía sobre lo real”[4].
El niño, a través de ese juego donde la fantasía lo ayuda a postular simbólicamente distintas situaciones, puede enfrentar miedos y conflictos, anticipar situaciones y compensar carencias o ausencias.
Las historias que Bornemann nos cuenta en “Un elefante ocupa mucho espacio” son grandes metáforas que, mediante la fantasía, nos llevan a la reflexión. Cualquier obra humana que estimulara el pensamiento era rechazada y censurada en esos años oscuros.

El libro fue premiado internacionalmente en octubre de 1976: se lo incluyó en el Cuadro de Honor del Premio Internacional “Hans Christian Andersen” otorgado por IBBY[5].
El primer relato del volumen es el más conocido: los animales de un circo se niegan a trabajar e inician una huelga exigiendo volver a su tierra natal. El elefante Víctor es quien tiene esa idea “tan enorme como su cuerpo”. La historia no presenta únicamente una reivindicación gremial justa (los animales eran los que trabajaban sin cobrar y además enjaulados e infelices) sino que incluso el planteo postula una reivindicación ecológica: los animales exigen volver al lugar del que nunca deberían haber sido sacados.
“Caso Gaspar” plantea otra historia “subversiva”: Gaspar es un vendedor ambulante que un día decide cambiar su rutina y comenzar a caminar con las manos durante sus recorridos eternos por las calles de la ciudad. La policía lo detiene y lo interroga durante días. Mientras tanto, los ladrones asaltan bancos con total tranquilidad: toda la fuerza pública está ocupada con el “caso Gaspar”. Finalmente, a Gaspar se le ocurre hacer una sencilla pregunta que le otorga nuevamente la libertad: “¿Está prohibido caminar sobre las manos?”. Como no existe ley que prohíba esa forma de desplazarse, la policía se ve obligada a liberarlo y dejarlo circular tranquilo.
El cuento “Pablo” nos habla de las palabras, de su valor…y de la magia que conlleva el trabajo del poeta que esculpe pieza por pieza sus escritos. Es una historia muy breve en cuanto a acciones pero inagotable en su valor estético.
El último relato que quisiera mencionar es “Cuento con caricia”. En él, un grupo de animales, uno a uno y en cadena, descubren lo que es una caricia. Magistral relato, bellísimo y repleto de ternura. La cuestión de las diferencias y la comunión del hombre con la naturaleza son temas que también se tocan en este hermoso cuento.

La dictadura cívico-militar intentó silenciar este volumen cargado de valiosas palabras, pero afortunadamente logró el efecto contrario: convertirlo en un estandarte de la literatura infantil argentina a nivel internacional, reconocido y elogiado hasta el día de hoy, leído por generaciones y generaciones de argentinos que se niegan a olvidar.
Elsa Bornemann es una de mis escritoras favoritas. Su literatura siempre nos deja pensando. Y la maestría con la que moldea la lengua hace que sus obras sean de una belleza literaria extraordinaria.
¡No dejen de leer “Un elefante ocupa mucho espacio” y compartirlo!



[1] Ambas son citas textuales del mencionado decreto, extraídas de la edición actual del libro (2014) de Alfaguara Infantil (pág.102).
[2] Montes, G., “Realidad y fantasía o cómo se construye el corral de la infancia” (1984) en El corral de la infancia, FCE, México, 2001.
[3] Op. Cit., pág. 25.
[4] Op. Cit., pág. 25.
[5] IBBY: International Board of Books for Young People. El premio “Andersen” es el equivalente al Nobel de Literatura, otorgado a la Literatura Infantil.

domingo, 28 de febrero de 2016

Jugar con la escritura

           Hasta ahora, en todos los artículos en los que hablé de la literatura, lo hice desde el punto de vista de la lectura. Hoy quisiera, por eso, dedicarle un rato a la escritura.
            Cuando proponemos una actividad de escritura a nuestros alumnos (sean jóvenes o adultos), a veces ocurre que ellos se niegan o se ponen muy nerviosos por tener que escribir. Esto es totalmente comprensible ya que la escritura es una actividad en la que ponemos el alma en el papel y es normal sentir vergüenza o sentirnos muy expuestos al tener que dejar que otros lean lo que nosotros volcamos en un texto.
            Sin embargo, la escritura también nos libera. En muchas ocasiones puede ser un cable a tierra, para descargar emociones o sentimientos que nos pesan retenidos en nuestro interior. Y además, la escritura puede ser un juego, si aplicamos las estrategias adecuadas.
            Quisiera proponer aquí una serie de juegos y desafíos con el lenguaje y con la escritura. Casi todos, por su baja dificultad, son aptos para todas las edades. Incluso son muy interesantes para jugarlos entre adultos, para conocernos o divertirnos en grupo.
Tengan en cuenta que esta es solo una pequeña selección de todas las propuestas creativas que existen, que son infinitas. Todas las que enumero, las he probado con los grupos de chicos con los que trabajo y también, algunas, las he jugado en grupos de adultos. Aquí van:

1. NUESTRO NOMBRE: este es un juego que sirve para presentarnos, el primer día de clases o la primera reunión de un grupo de escritura. Lo que cada uno hace, en la hoja, es escribir su nombre en forma vertical. Luego, pensamos una frase que comience con cada una de las letras y que cuente algo de uno. Por ejemplo:
V: vivo en Rosario
I: inventar recetas es un pasatiempo para mí
O: oigo todo tipo de música
L: leer es lo que más me gusta hacer
E: enseño en escuelas secundarias
T: tengo una perra llamada Huayra
A: a veces escribo cuentos
Cuando todos han terminado, leemos en voz alta cada presentación.

2. TODAS LAS PALABRAS COMIENZAN CON…: la propuesta de este juego es escribir un texto en el que todas las palabras comiencen con la misma letra. Puede ser una letra de la que estuvimos estudiando las reglas ortográficas (si es un ejercicio escolar) o una letra elegida al azar si jugamos por jugar. No sólo sirve para ejercitar nuestra escritura, además ayuda a ampliar el vocabulario (podemos tener un diccionario para consulta a mano).Otra opción es que las palabras del texto comiencen por las vocales, en el orden tradicional (a, e, i, o, u), por ejemplo: “Agustina Escribe Índices Onomásticos Últimamente. Al Estar Inspirada Ocurre…”. Los resultados de este juego suelen ser disparatados, muy divertidos.

3. IMÁGENES QUE CUENTAN: para este juego necesitamos, además de papel y lápiz o lapicera, algunas fotos o dibujos recortados de revistas y diarios (por lo menos tres o cuatro). La idea es que escribamos historias a partir de esas imágenes. Puede ser que cada uno trabaje individualmente, que formemos parejas o que hagamos una única historia entre todos. Si trabajamos de forma individual o en parejas, una vez que todos terminaron se leen las historias en voz alta y se puede elegir la más creativa, o la más graciosa, o la más tenebrosa…o lo que se les ocurra. Si elaboramos una única historia entre todos, lo mejor es que haya un coordinador que tome nota de las ideas que surgen y elabore un borrador que luego pulirán grupalmente.

4. BINOMIO FANTÁSTICO: esta propuesta creativa se encuentra explicada en detalle en el libro de Gianni Rodari que cito al final del artículo. La idea es que a partir de dos palabras que nada tienen que ver, pueda surgir una historia. Dos participantes del grupo toman un papel y cada uno escribe una palabra sin ver la palabra del otro. Luego, se muestran al grupo. Cada participante debe unirlas en un relato, de la manera que quiera. Rodari da el ejemplo de “perro” y “armario”; sugiere que lo ideal es intentar relacionarlas a través de una preposición: de allí puede surgir “el perro con el armario”, “el armario de un perro”, “el perro en el armario” o cualquier otra combinación que se les ocurra.

Hasta aquí cuatro propuestas de juego. A partir de ellas, ustedes mismos pueden adaptar la actividad al grupo en el que trabajen (o a la reunión en la que quieren jugarlo) o pueden idear otras propuestas.
En general, a la hora de producir lo mejor es proponer un tiempo limitado de trabajo (diez minutos, veinte minutos o media hora, lo que consideren) e intentar que todos cumplan con lo estipulado. La escritura surge de forma más fluida o creativa si trabajamos contrarreloj.

Espero que puedan probarlos en la escuela, en algún cumpleaños, reunión familiar…o simplemente entre amigos. Pueden contarme en los comentarios sus experiencias. ¡A jugar con las palabras!

BONUS:
Les dejo las referencias de dos libros que pueden consultar si les interesa profundizar en el tema. Ambos contienen teoría y muchas propuestas creativas para escribir o inventar historias:
- Gramática de la fantasía de Gianni Rodari: un clásico con muuuuuchas ideas para experimentar el sentido liberador que puede tener la palabra.
- La palabra mágica. Taller de literatura de Ricardo Mariño y Silvia Schujer: dos escritores argentinos que, a lo largo de doce capítulos  ordenados temáticamente, nos proporcionan material de lectura e ideas para estimular la creatividad y la escritura.

viernes, 12 de febrero de 2016

Reseña: "La historia interminable" de Michael Ende

       Continuaré hoy con la sección de reseñas, nuevamente he elegido un libro de literatura infantil. En este caso, es una novela bastante extensa pero que vale la pena descubrir palabra por palabra, capítulo por capítulo. Cuando llegamos a la página final, descubrimos que, lamentablemente, no es como lo anuncia su título: “La historia interminable”. Hemos llegado a la última parada de nuestro viaje.
            El autor de la novela (publicada en 1979) es Michael Ende. Pese a que la historia se volvió muy conocida (hay una película de los años ’80 que la recrea) no sé si todos lo hayan escuchado nombrar. Fue uno de los escritores alemanes más destacados de la posguerra. Si quieren interiorizarse acerca de su vida y obra, aquí les dejo el link de su página oficial (está disponible únicamente en inglés y alemán, pero quizás pueden ayudarse con el Traductor de Google).  
            Más allá de que no creo que haya una edad determinada para leer libros determinados, pienso que la lectura de éste se puede saborear más intensamente a partir de los diez años. Ojo, esto no significa que un niño de ocho o nueve (o siete) no pueda deleitarse con él, pero la extensión y la cantidad de personajes que aparecen quizás lo vuelven un poco complejo para chicos muy chicos. La lectura compartida puede ser buena idea. En fin, siempre es mejor intentar y equivocarse que no intentar, también así con los libros.
            “La historia interminable” no es un libro “flaco” de esos que se leen con ligereza. Es un libro más bien “gordito” pero no es pesado tampoco. Es un libro atrapante, mágico. Un libro que nos invita a viajar por mundos increíbles. Un libro que nos hace reflexionar acerca del lugar que ocupa (y el rol que desempeña) la literatura (y la palabra) en nuestra vida.
            Todo comienza con Bastián Baltasar Bux, un niño que es víctima del acoso de sus compañeros de colegio. Se esconde de ellos en una librería, donde entablará un breve diálogo con el librero. Allí ocurre el suceso que va a cambiar su vida. Nuestro personaje observa que el dueño del negocio está leyendo un libro gordo, de tapas color cobre y escrito en dos colores, llamado “La historia interminable”. ¡Primer sobresalto en nuestra lectura! El personaje tiene en sus manos el mismo libro que nosotros tenemos ahora mismo en las nuestras.
Bastián es un apasionado de los libros y así nos lo hace saber el narrador:

La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.
Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...
Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...
Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...
Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.[1]

            ¿Qué hizo Bastián entonces? Pues nada más y nada menos que robarle el libro “La historia interminable” al dueño de la librería. Asustado y excitado, corre hacia la escuela y se esconde en el desván, donde cree que no van a encontrarlo y podrá leer tranquilo.
            A partir de este punto, comienzan a avanzar en paralelo las historias. Los lectores estamos siendo testigos de dos planos en la narración: por un lado, la historia de Bastián; por el otro, la historia del reino de Fantasía. Transcurren separadas durante buena parte de la novela, hasta que se entrelazan en la mitad exacta del libro. ¡Segundo sobresalto!
            Es en ese momento cuando “La historia interminable” comienza a interpelarnos como lectores. ¿Qué rol ocupamos nosotros en esta novela? ¿Ocupamos alguno? ¿Existirá el reino de Fantasía, lugar donde habitan los frutos de nuestra imaginación? ¿Pueden extinguirse nuestros sueños? ¿Somos conscientes del irrefrenable poder de las palabras y de nuestra preciosa capacidad de nombrar?
            Sería complejo intentar resumir aquí los hechos que se suceden en el relato. Prefiero dejar que sean ustedes quienes se sumerjan en él y sean arrastrados por el torrente de palabras que Michael Ende nos obsequia. Que descubran en él, si no lo descubrieron ya, el enorme poder sanador que tiene la literatura. La puerta del reino de Fantasía está abierta…¡adelante!




[1] Ende, Michael, La historia interminable, Bs.As., Alfaguara-Santillana, 2015.