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lunes, 20 de febrero de 2017

Píldora gramatical: Usos del gerundio

El gerundio es una de las tres formas verbales no conjugadas o no personales. La terminación mediante la cual se conforma depende del modelo de conjugación al que pertenezca el verbo. Así tendremos:
·        -ando para la primera conjugación verbal (amar à amando);
·    -iendo para la segunda y tercera conjugación verbal (temer à temiendo; partir à partiendo)
     
            En general, los gerundios tienen una función adverbial, ya que aparecen en los predicados acompañando a verbos conjugados. Sin embargo, “también conservan (…) un significado verbal del hecho, acontecimiento o proceso que acompaña a la acción o proceso del verbo conjugado”[1]. Por ejemplo:

Se puso a cocinar escuchando música. (Se puso a cocinar mientras escuchaba música)
La profesora explicó el tema brindando ejemplos. (La profesora explicó y brindó ejemplos.)

            En cuanto a su significado, los gerundios de forma simple presentan un aspecto durativo: manifiestan la duración de la acción que nombran. Por su parte, los de forma compuesta presentan un aspecto acabado:

Estuvimos caminando durante horas. // Habiendo caminado mucho, paré a descansar.

            Otra característica de los gerundios es que solamente pueden usarse para expresar simultaneidad o anterioridad de la acción que ellos expresan respecto del verbo conjugado. Por ejemplo:

Almorcé mirando el noticiero. (Simultaneidad à Almorcé mientras miraba el noticiero.)
Habiendo terminado el almuerzo, me puse a estudiar. (Anterioridad à Primero terminé de almorzar y luego comencé a estudiar.)

            De esta manera, aunque actualmente se use con frecuencia en los medios de comunicación, es incorrecto el uso del gerundio cuando éste expresa posterioridad respecto de la acción del verbo conjugado. Por ejemplo:

Se produjo una fuga en el penal, siendo recapturados los delincuentes horas más tarde. (Podemos corregir: Se produjo una fuga en el penal y los delincuentes fueron recapturados horas más tarde.)
Tres personas sufrieron heridas graves en un asalto, muriendo en la ambulancia que las trasladaba. (Podemos corregir: Tres personas sufrieron heridas graves en un asalto y murieron en la ambulancia que las trasladaba.)

            Tampoco es correcto usar gerundios como modificadores de sustantivos, otorgándoles valor de adjetivos calificativos. Por ejemplo:

Le envié un paquete conteniendo ropa y zapatos. (Podemos corregir: Le envié un paquete que contenía ropa y zapatos.)

            Son correctas, en cambio, ciertas expresiones en las que se usa el gerundio como adjetivo, acompañando a un sustantivo, “cuando su acción señala cambio, proceso o transformación perceptible por los sentidos”[2]. Algunos ejemplos:

Agua hirviendo.
Obreros trabajando.
Niños jugando.

            Por último, tengamos en cuenta que el sujeto del gerundio siempre debe ser el mismo que el del verbo conjugado al que acompaña. Si esto no se cumple, la oración está mal construida.

Salió Fernández del campo de juego, entrando Gutiérrez.

            Puede ocurrir, sin embargo, que el gerundio tenga como sujeto al objeto directo del verbo principal de la oración. Esto sucede porque, pese a no ser una forma conjugada, mantiene su condición de forma verbal que selecciona argumentos.

Allá veo a Clarita, jugando como si no pasara nada.

            Espero que les resulte útil esta pequeña píldora gramatical. ¡Nos leemos pronto!



[1] Marin, M., Una gramática para todos, Bs. As., Voz Activa, 2011.
[2] Piedrabuena, I., Condominio de nuestro idioma, Córdoba, Comunic-arte Editorial, 2014.

lunes, 1 de febrero de 2016

¿Qué significa "bizarro"?

Cotidianamente, en la actualidad, los usuarios de la lengua española utilizamos la palabra “bizarro” como sinónimo de “extraño, extravagante” e incluso en algunas ocasiones “ridículo, descabellado”. Sin embargo, no es este el significado verdadero del vocablo castellano, sino una deformación, y ahora veremos por qué.
Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española), “bizarro” tiene dos definiciones:
  • 1. adj. valiente (ǁ arriesgado)
  • 2 adj. generoso, lucido, espléndido.

Como verán, ambas están bastante alejadas del significado cotidiano que nosotros le damos.
Si consultamos el diccionario etimológico de Joan Coromines[1], el especialista nos brinda las siguientes acepciones para el término: “valiente, osado” y después “gallardo, generoso”. La palabra es de procedencia italiana y en esta lengua significaba “fogoso, iracundo, furioso”.
A su vez, Coromines nos da la punta del ovillo para desenredar esta pequeña maraña semántica. Al final de la entrada de su diccionario agrega que el francés “bizarre”, cuyo significado es “estrambótico”, procede también de Italia.
Otro dato a tener en cuenta es que la forma francesa se desplazó a otras lenguas europeas como el inglés, idioma en el que la palabra “bizarre” es equivalente al español “extraño”.
Vemos entonces que de un mismo vocablo de origen surgen dos con formas semejantes pero con significados diversos.
Siguiendo con nuestro razonamiento, podemos pensar que el uso que actualmente le damos a la palabra “bizarro” en nuestro idioma tiene que ver con un desplazamiento del significado en inglés o francés de la forma “bizarre” al español y su traducción inapropiada, equiparándola con la forma castellana “bizarro”, cuando en realidad sus acepciones son diferentes.
Pese a que todo el asunto surge de una “incorrección” en el uso, considero en este caso que los hablantes han impuesto esta nueva acepción a la palabra y que, sin desconocer el significado original del vocablo, debemos aceptar su potestad como usuarios. La lengua no es estática, sino dinámica. Y sus “dueños” no son un pequeño grupo de eruditos, sino los millones de personas que la usamos diariamente para comunicarnos en todo el mundo.



[1] Coromines, Joan, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 2009